Talleres de escritura creativa y autoficción
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lestradavega.
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julio 6, 2019 a las 22:35 #10007
josefaruizParticipanteHace algunos años dirijo talleres de escritura creativa y autoficción. Empiezo el taller contando como la literatura ha sido siempre un asunto de las élites. A principios del siglo XX más del 95% de los chilenos era analfabeto. Leer, escribir y aún más publicar era el privilegio de un puñado de hombres ricos y cultos. Hoy, les digo, tenemos la oportunidad de vengarnos, de ponernos al día, de contar las historias que queremos contar desde nuestras perspectivas particulares, especialmente si estas han sido despreciadas. Y vamos a darnos permiso de inventar toda la historia para poder, de ese modo, decir toda la verdad.
Algunos de los ejercicios que realizamos podrían ser parte de conversaciones de re-autoría. Entre nuestros universo infinito de experiencias, elegimos algunos episodios, conflictos, personajes, casi siempre periféricos en apariencia, y a partir de ellos vamos montando una historia que cada uno enriquece a través del ejercicio reflexivo que es la escritura. Luego compartimos el texto con el grupo y ahí se produce una conversación semejante de algún modo a las ceremonias de definición. El autor permanece en silencio. Le toca escuchar lo que su texto ha despertado en los lectores, no es una instancia de debate. Los lectores no juzgan, no aplauden, no dan consejos: cuentan lo que despertó en ellos la lectura, y van enriqueciendo el texto con sus propias experiencias, referencias culturales, ideas, lo que Mr White llama resonancias. El autor, entonces, se va a la casa con la tarea de re-escribir su historia enriquecida por las cosas que le hicieron sentido de las lecturas del grupo.
Una de las primeras cosas que aprenden a reconocer los nóveles críticos literarios es el cliché, el lugar común, la lengua prestada, y en su reverso, lo original, lo que da cuenta de una ética y estética propia. Que la fidelidad con uno mismo es lo que rinde mejores frutos literarios, es algo evidente. Por eso, a medida que el taller avanza, los participantes van poco a poco atreviéndose a contar las historias que les importan desde perspectivas cada vez más personales. Y se sienten inusualmente compensados por expresar quiénes son realmente, cuáles son sus experiencias, sus conocimientos, sus preferencias.
En estos años he podido observar que compartir en un ambiente seguro las historias que les importan desde perspectivas crecientemente personales con lectores atentos, tiene un efecto liberador en las personas. Salen del clóset. Empiezan a expresar con orgullo aspectos de sí mismas que hasta entonces escondían con vergüenza. El orgullo no es por un texto bien escrito sino por los protagonistas de esos textos, unos alter egos de ficción, con locuras similares a las propias, de una u otra forma, seductores. Y tal como hemos leído en Mr White, el orgullo (reconocer y apreciar los propios recursos) es un primer paso indispensable para el fortalecimiento de la agencia personal.
Aclaro que el objetivo declarado en estos talleres ha sido y es literario, no terapéutico. Pero a lo largo del tiempo estos movimientos que se producen en las personas se me han vuelto más y más evidentes. Una de mis fantasías al elegir este diplomado fue que éste me sirviera para diseñar un modelo de taller orientado ya de manera más consciente a producir y acompañar este proceso de transformación personal. La literatura aquí sería la documentación del proceso, el registro, no el objetivo principal. Esta fantasía sigue firme sólo que ahora tengo más.
diciembre 16, 2019 a las 12:25 #11954
lestradavegaParticipanteMe gusta mucho lo que describes Josefa. Yo escribo, desde chica escribo con diversos propósitos pero siempre me hace bien hacerlo, algo se mueve dentro. Pensar el ejercicio de escribir en lógicas de re-autoría me hace sentido, en esta idea la ceremonia de definición no la he experimentado pero también me la imagino totalmente. Escribir para mi es poner fuera, es poner distancia para mirar eso, para ordenar y esa distancia es útil (así lo veo en procesos terapeuticos) porque lo que sea que puse afuera lo hace maleable, trabajable, accesible. También he descubierto que toda la ficción de que soy capaz siempre tiene una historia, tiene otras y otros, experiencias, lugares, momentos y formas de mirar donde se anclan y desde donde se elevan las posibilidades creativas. Pensar en escuchar como eso resuena en otres, poder mirar si la intención puesta es la recibida por les lectores me parece un regalo para el aprendizaje de una escritura dispuesta a ser compartida.
Cuando empieces un nuevo taller me lo dices, si puedo me encantaría participar de tu propuesta.
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