Metaforas que he aprendido de mujeres sobrevivientes de violencia

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    Catalina Mandiola Pavezcatalinamandiola.p
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    Volviendo a releer los textos. Me lleva a recordar como en conversaciones con una mujer mapuche, que fue violentada durante toda su vida, ella me permitio conocerla desde la otra vereda.

    Me conto su pewma, como le han relatado su historia como víctima de violencia las instituciones. Y como año tras año, desde mi visión, se le fue deteriorando su salud. La guíe con -menos de las herramientas que cuento ahora- a mirar como le gustaría que fuese su futuro, que adora en esta vida, y con quienes cuenta. Logre darme cuenta que, ella buscaba justicia por su hijo que fue robado por SENAME, quería conocer su historia y quienes la violentaron, quería saber quien era su madre, quería amar su campo y el arte (tejia, pintaba, bordaba), y hacer crecer el amor con su hija. Las instituciones le habían robado tanto, que incluso el aliento por vivir le estaban quitando. La metafora de la justicia me quedo grabada, sé que cada vez que vuelva a aparecer con otre que converse, la recordaré.

    Logré observar que, por más de 2 años estuvo en conversaciones que totalizaban su identidad, la hacían recordar tanto: sus dolores de espalda, que fue víctima de violencia y que era madre negligente. Ella protestaba, me logro contar, llegaba ofuscada y gritaba, siempre se defendia con los otros profesionales.

    ¿Pueden los discursos de los profesionales desde sus instituciones contribuir a la totalización de los problemas? ¿desde los discursos paternalistas se promueven metáforas únicas sobre los problemas, con mujeres que han sido violentadas?

    PD: La historia ocurre en el territorio de Tringlo, comuna de Mariquina, Región de Los Ríos.

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    #17341

    Hola Cata, me llamó la atención tu foro ya que me siento bastante cercana a esta experiencia de cuestionamiento del quehacer profesional y la deuda que existe con los pueblo originarios en general.
    Me quedo con las preguntas que planteas y las mismas sensaciones que expones en la historia. En esta ocasión quiero exponer brevemente una situación que marcó profundamente mi ética, y ahora que lo pienso, fueron uno de los primeros acercamientos que tuve respecto de la búsqueda de coherencia entre mi ética y mi práctica, lo que hoy me mantiene en este diplomado.
    Justamente, mi seminario de titulación se enmarcó en conocer ciertas experiencias de violencia que ha experimentado mujeres mapuche. En todo el proceso hubo un gran cuestionamiento a la academia y sus prácticas hegemónicas. El principal objetivo que teníamos con mi grupo era encontrar metodologías que puedan ser validadas desde lo formal, pero que desde su ética se refleje el respeto y compromiso necesario para producir conocimiento sin reproducir algún tipo de violencia. Así fue como conocí el feminismo interseccional, feminismo decolonial y sus metodologías. Estos conceptos tienen en común varias cosas con las prácticas narrativas, pero quiero destacar la interpelación que hacen de los conocimientos que sustentan las prácticas de los “´profesionales”, aquí se pone bastante de manifiesto el rol que ejercen y las estructuras de poder que lo encaminan, el cuidado y crítica constante que debe haber para no reproducir injusticias, opresión, entre otras cosas.
    Es impresionante que sólo pude acceder a este tipo de conocimiento y encontrar coherencia con mi persona desde lo formal gracias a la propia curiosidad y necesidad de encontrar relatos alternativos. Es preocupante que los discursos que fundamentan nuestra formación (me refiero al pregrado) no se cuestionen activamente las prácticas paternalistas, totalizantes y que pueden llegar a ser muy negligentes.

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