Hacia lo mutable
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franciscaparraalvarado.
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enero 27, 2021 a las 20:39 #18212
franciscaparraalvaradoParticipante<span style=”color: #050505; font-family: ‘Segoe UI Historic’, ‘Segoe UI’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; white-space: pre-wrap;”>Este año, gracias al diplomado, la vida y la conversación de remembranza que tuve gracias a este módulo, he estado haciendo el trabajo de liberarme de ideas que tenía fuertemente arraigadas. Lo interesante de esto es que eran ideas que hace tiempo me venían pesando pero no tenía otras para reemplazarlas. Qué bueno es que se presenten personas diferentes que aporten para ir tejiendo lo que hace falta para dar forma a ideas nuevas. Que bueno también es no idealizar a las personas, agradecer lo que aprendemos de ellas y aceptar su diferencia. También he aprendido estos días lo influyente que podemos ser en las personas más cercanas, con quienes creemos que tenemos una relación ya formada e inmutable, a través de la ternura radical y a además transformar tal vez para siempre la manera de verse y conversar. Y aunque aún me queda muchísimo para atreverme a hablar con mi propia voz y vencer miedos que paralizan mi creatividad, siento que las pequeñas liberaciones hay que apreciarlas y celebrarlas.
Pensaba además cómo había llegado este diplomado a través de 3 o 4 personas, algunas contándome que habían vivido esta experiencia y les había dejado muchos aprendizajes en los que confían y otras que me habían comentado que yo debería ingresar porque intuían que me gustaría, y así ha sido.
Hablamos sobre Sara, mi abuela, el amor de vida y me quedo en cómo ella sigue viva en mí a través de acciones y gestos. Nunca ha sido fácil para mí hablar de ella porque se me paraliza el mundo, pero fue muy potente ponerme en pensar en qué pude haberla apoyado en su vida. Ella apoyó a muchas personas y creo que cada año que pasa me entero por otras personas de historias nuevas sobre sus acciones valerosas.Por último, dejo algo que escribí el año 2019 sobre mi sobrina pequeña Matilde que ya no está en cuerpo físico y que tan sólo con sus 5 años de vida me dejó tantas enseñanzas.
“</span><span style=”color: #050505; font-family: ‘Segoe UI Historic’, ‘Segoe UI’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; white-space: pre-wrap;”>Leo un libro que me hace reflexionar cómo la poesía y la ciencia están unidas desde sus orígenes y para siempre. Algo de esto se pierde y luego recomienza como un nuevo ciclo. Lo leo y me hace más sentido cuando analizo mis gustos en poesía y mi creciente curiosidad por la naturaleza y la ciencia. Ahora entiendo más por qué escribí tantos malos poemas de amor pero escribí otros que me gustan después de haber recorrido un bosque y una montaña. Tal vez nada de esto importa en un territorio de muerte como este. ¿Quién se atreve a la cursilería de ponerse a admirar la naturaleza y enamorarse de ella hasta escribirle versos? ¿Acaso no estamos en el momento de admirar lo grotesco y la estética tras esta estela de homicidios y cuasidelitosdehomicidio?</span>
En secreto me imagino que tengo el privilegio de nombrar los seres de la naturaleza a mi gusto, ejercicio que no es nada más que hacer consciente del uso de mis ojos de humana y su capacidad de captar luces, sombras, colores y formas.Esto me hace recordar a Matilde y esa tarde de primavera donde acampamos. Ella, en su infinita curiosidad de niña de 5 años, me pedía explicaciones sobre el color del cielo y de la hierba, el movimiento de los insectos, el porqué del viento y de los rayos del sol. Sus preguntas me sacudieron, me hicieron sonreír y me impusieron el desafío de responderlas de la mejor manera posible. Con cada respuesta notaba en ella la satisfacción del conocimiento. ¿Desde dónde le respondí a Matilde esa tarde? ¿Tuve en esos años los conocimientos necesarios para responder con la verdad? ¿Qué verdad existía en mí que me aproximara a darle respuestas sobre algo? Mi experiencia de niña, mis ojos de niña fueron los que respondieron esas preguntas. Lo que salió de mi boca aquella tarde tratando de explicar los fenómenos de la naturaleza creó una atmósfera poética entre ella y yo. Así lo sentimos. Y así pasamos horas buscando hojas y ramitas, observando insectos e inventando historias que daban grandes saltos en el tiempo”.Muchas gracias a quienes lean.
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