Algo que me llama especialmente la atención de las prácticas de ceremonias de definición es la posibilidad de integrar a otras personas en los espacios de conversación terapéutica, esto debido a la concepción tradicional dentro de la psicología de lo que se considera “terapia” y quienes están “validadxs” para ejercerla. Desde ahí, creo que la participación de terceros significativos en dichos espacios, aparte de cumplir el rol de validar y enaltecer la vida de las personas con quienes trabajamos, se perfila como una instancia de democratización del “espacio terapéutico”, relevando la aporte que otrxs hacen a nuestra vida por medio de sus experiencias y resonancias con nuestra propia historia, a la vez que se promueve la problematización de los limites de lo que concebimos por terapia.