Las clases con América me hicieron pensar (y sentir) algo importante respecto al trabajo comunitario. Y es que esto es imposible no hacerlo con amor. Parece obvio, pero si lo estoy escribiendo es porque significa algo más que eso. Lo aprendí no solo en una receptividad de clase, sino también observando a la America, con la ternura que hablaba sobre los demás, con la forma amable que formaba los grupos, etcetera. Para mi ese amor tiene que ver mucho con la metodología colectiva y narrativa que hemos aprendido hasta acá. Y estoy seguro de eso, porque si acabase el amor, yo al menos no resistiría tanto tiempo haciendo algo simplemente porque funciona.