Colonización
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lestradavega.
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agosto 11, 2019 a las 10:20 #10360
Camila ConchaParticipanteHola compas:
Ha pasado un poquito de tiempo desde que vimos esta unidad, pero no ha dejado de resonarme con una potencia superlativa el término “colonizar” que Ítalo puso en la mesa cuando hablamos acerca de la “problematización institucional”.
Me pasa que mientras más me adentro en la terapia narrativa, más me voy dando cuenta de que estoy/estaba MUCHO más institucionalizada de lo que pensaba. Y pensaba que era poco, contrastándome al mirar a otr@s colegas me sentía bastante menos contaminada por los discursos dominantes, pero al enfrentarme a la forma en la que he perpetuado ideas como la problematización, me digo “estamos mal”.
Afortunadamente, nunca es tarde para darte cuenta, sacudirte y tratar de empezar de nuevo.
Claramente es diferente el abordaje con personas que asisten contigo porque están mandatadas a hacerlo que respecto a quienes acuden de forma espontánea con un terapeuta. En mi caso, como he contado, trabajo en una residencia AADD de SENAME y el 95% de los adultos con los que converso están ahí de forma obligada. Y es un rol complejo, porque si bien desde el comienzo el propósito es trabajar en conjunto con las familias, se plantea la idea de que, en algún momento, puede transformarse en que ayudar al niño no es necesariamente ayudar a la familia, y eso genera un ambiente álgido.
Acá aparece la problematización y también el andamiaje.
Antes de escuchar la idea de la “colonización de la experiencia del otro”, nunca me había detenido a analizar la forma en la que nos planteamos al hacer la problematización, por ejemplo, en un caso de la llamada negligencia parental. Efectivamente la psicoeducación poco toma de la vivencia de quien la recibe y se perpetúa en inyectar ideas ajenas a alguien que las recibirá como algo totalmente impropio, y, por lo tanto, mucho menos significativo que si se diera en términos que le resuenen y finalmente causen sentido, como se podría hacer usando el mapa de posición 1, abordando la evaluación y la justificación. Planteé esto a una colega y me miró con ojos de huevo frito y eso me llevó a pensar que en las instituciones de protección efectivamente estamos casi programad@s para plantearnos verticalmente frente al usuario y decirle “usted hizo esto mal, tiene que hacer esto otro porque eso está bien” (ahora, quizás me faltó andamiaje con mi colega ¡esto es de nunca acabar!).
Pensaba en tantas familias que tienen uno y otro y otro ingreso a la red, y que quizás, entre otros factores, esto se debe a que se trabaja de forma muy superficial y a la vez violenta con ellas, sin un andamiaje correcto a su vivencia, tan válida, lo que ocasiona finalmente un par de cambios conductuales o discursivos quizás desde la deseabilidad de lo que el “experto” quiere escuchar, pero sin raíces de verdad. Es muy probable incluso que la problematización colonizadora genere la disminución de la agencia personal de estas familias, ya que se da de manera devaluadora, transgresora, y vertical.
Tantos, tantos desafíos.
agosto 30, 2019 a las 17:45 #10537
lestradavegaParticipanteHola Camila, me llega mucho tu comentario de la colonización, que tu tomas como la problematización colonizadora. La colonización implica una idea muy instalada y aceptada de que hay una forma correcta de hacer las cosas (o ciertas formas validadas) por lo que no sólo concuerdo con lo que tu dices en cuanto a su caracter <span style=”color: #4d4d4d; font-family: Open Sans, HelveticaNeue, Helvetica Neue, Helvetica, Arial, sans-serif;”><span style=”font-size: 13px;”>devaluadora, transgresora, y vertical, sino además en un sentido cultural amplio es muy perversa porque nos tiene a todes de algún modo sintiendo en algún ámbito de nuestra vida que lo estamos haciendo mal… en algún rol social, en la relación de pareja, en la pega, en la crianza, en el sexo, en la alimentación, en la forma de resolver problemas, en lo que siento (y no debería sentir), en lo que íntimamente pienso (y no digo). Internalizamos la idea de que hay un modo correcto de hacer las cosas y vivimos silenciosamente la experiencia de rareza, de inadecuación… que nos hace gastar energía tratando de que no se note o de “corregir” esa experiencia de inadecuación. Cada vez me convenzo más que la cultura que más contribuye es la que comprende, permite, acepta y valora su diversidad interna en los modos de vivir de la cotidianidad. Ahí estamos todes, creo yo… y bueno, eso llevado a los espacios terapéuticos.</span></span>
Sólo por enriquecer la idea y traerla a nosotros. Las personas con las que trabajamos no están lejos de nostros creo yo, pero tienen la terrible desventaja de estar en el lugar de los “evaluados” de la sociedad, o como dice America, los no pensantes.
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