Que macabro pensar en la pega cotidiana en la que much@s nos vemos insertos, en lo personal me preocupa el contexto donde trabajo, donde la producción en el foco de dar respuestas a las demandas de atención, sin proveer la calidad de esta, en donde se busca atender a la mayor cantidad de personas en el día, sin considerar las condiciones ni menos el tiempo destinado para cada historia. Espacios con bajo resguardo ante temáticas tan complejas y de gran intensidad emocional.
Esto me pone en una situación continua de responsabilidad; responsabilidad social, institucional, personal, profesional, entre muchas otras. Responsabilidad de defender un espacio de seguridad, con la finalidad de no re-traumatizar, de enfocarnos en las respuestas e historias subyugadas, que abren espacios y posibilidades que dan mejor forma a las historias dominantes de dolor. Responsabilidad de estar atenta en la doble escucha, en las multihistorias fuera de un contexto adverso y hostil. Que nos permita honrar las respuestas sin patologizar presionados por el contexto clínico laboral de rápida demanda y respuesta.
Esto me hace re pensar en mi acción política, social, institucional, hasta el punto desde donde puedo influenciar y contribuir a espacios seguros para quienes consultan. Accionar cambios necesarios en virtud de las necesidades de quienes vienen a consultarnos, ser respetuosos al dolor para estar atentos a lo ausente pero implícito de cada relato.