Dilemas sobre relatos subordinados
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rodrigovegacuesta.
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julio 15, 2020 a las 11:59 #16061
javiera.rivas.huenanteParticipante<span style=”color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;”>Luego de leer el texto recomendado y terminar la clase respectiva me quedo con la idea de la importancia de los relatos subordinados y de la labor del terapeuta en la emergencia de los mismos. A partir de esto, extrapolando estas ideas a mi labor actual, no dejo de pensar en los dilemas que surgen cuando existen ciertos dispositivos que ejercen poder que direccionan nuestro trabajo para que ciertos discursos o relatos no salgan a la luz. Para poder desarrollar un poco más esta idea, quiero contextualizar a grandes rasgos lo que hoy en día realizo.</span><br style=”box-sizing: border-box; color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;” /><span style=”color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;”>Hace tres meses me integré a un equipo de contención emocional para funcionarios de cierta institución pública. Entre las prestaciones existen intervenciones de carácter individual y grupal. Es en estas últimas donde ha habido situaciones que me han hecho cuestionar nuestro rol como psicólogos como gestores y acompañantes de cambios. Principalmente cambios que potencien estados de bienestar en las personas y grupos humanos.</span><br style=”box-sizing: border-box; color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;” /><span style=”color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;”>Cuando conocí esta lógica de las prácticas narrativas, de hacer surgir relatos subordinados, me di cuenta de que muchas veces, en el transcurso de estos meses, he intentado “obedecer”, cumplir y reproducir ciertas prácticas de poder que están a la base de este dispositivo gubernamental al que pertenezco. Intentar silenciar discursos o relatos alternos que permitirían que estos grupos de personas se organicen y construyan una identidad que propicie acciones en virtud de su salud mental y bienestar general. El contexto es el siguiente: envían un grupo de personas que están “colapsadas”, desbordadas emocionalmente, con muchas necesidades a nivel personal, pero también a nivel organizacional (problemáticas que se han visto incrementadas o acentuadas en este contexto de pandemia). Se espera que en estos grupos contengamos la situación, que estas personas vuelvan a sus puestos de trabajo más calmadas, que el malestar individual y colectivo no interrumpa en este contexto de crisis. Por lo tanto, he entrado en un dilema ético donde mis ideales no concuerdan con la lógica de trabajo que se quiere imponer, debo decidir cómo proceder, porque, aunque lo monetario pesa en estos momentos, creo que el darme cuenta de lo que realmente quiero entregar en esta profesión sin duda alguna me pesa más.</span><br style=”box-sizing: border-box; color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;” /><span style=”color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;”>Por lo tanto, me quedo con la interrogante de cómo conjugar dos realidades distintas, donde el relato subordinado no es deseado por otro pero sí es beneficioso para el protagonista de la historia ¿Qué hacemos como terapeutas?</span>
julio 22, 2020 a las 00:00 #16087
rominalealgonzalezParticipante<span style=”color: #4d4d4d; font-family: ‘Open Sans’, HelveticaNeue, ‘Helvetica Neue’, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 13px;”>Hola Javiera. Creo que conecto bastante con tu comentario. Si bien las funciones de mi trabajo son distintas a las que planteas de tu trabajo, me parece que el trasfondo es similar, y por sobre todo, me imagino que también las sensaciones súper displacenteras que deja en una esas contradicciones. Terminé de leer el texto de «Ética de la colaboración» y me hizo súper bien. Me dejó pensando en cómo accionar colectivamente o grupalmente nuestros espacios de trabajo, y recordé mi inicio como psicóloga en atención terciaria, que fue con muchas energía y entusiasmo, lo cual se vio notoriamente afectado por la realidad de la salud mental pública. El texto hizo que mirara cómo funcioné frente a esta situación de desesperanza, y cómo encontré alguna forma de lidiar con esas sensaciones de impotencia y desesperanza (aunque aún estoy en esa). Creo que, como aparece en el texto, estos contextos a veces nos llevan a estar en modo: «ejercer acción efectiva» desde la ética del control, centrándonos en la desesperanza y todo lo displacentero que es estar allí sin lograr «objetivos» que concuerden con nuestra mirada, al menos yo me quedé en esa, y cuando comencé a hablar de esto con el equipo, mis colegas, pero también con otros colegas, por ejemplo, comencé a supervisar mi trabajo, pienso que me ayudó mucho a descomprimir y también a soltar ciertas exigencias que me estaba imponiendo y también imponiendole a los consultantes (aunque fuera de manera indirecta). Aun cuando esto no cambió en un plano estructural los cuestionamientos a la base, sí generó que se visualizaran otras formas, y se compartieran otras formas, por ejemplo de mis colegas que llevan años allí y cómo han sorteado de manera «estratégicas» con esto. La intención de mi comentario no tiene que ver con mostrar «la» forma de actuar frente a lo que planteas, pero sí a sentirnos más cerca de estas situaciones, compartirlas y ojalá encontrar un espacio para mirar cómo todes estamos en esta a ratos pero que también resistimos desde otros lugares, un poco lo que mencionó Italo la clase pasada, que también me hizo mucho sentido, volverse invisible a veces para resistir en lugares donde el poder y el sistema no quiere resistencia.</span>
agosto 26, 2020 a las 13:02 #16365
carolinacuevasParticipantehola!, creo que lo comentas lo comparto totalmente, muchas veces en nuestra área laboral-institucional se ven normalizadas estas prácticas, para mi bastante agresivas y violentas, donde debemos ” estar bien”, ser como neutrales y contener, in visibilizar o silenciar otras posibilidades de encuentro dentro de esos mismos contextos. También choco constantemente con algunas prácticas exigidas por estos organismos, pero pienso también que por algo permanezco ahí, más allá de la necesidad de ingreso monetario claro, es creer que desde mi cuestiona miento, poco a poco puede abrirse una posibilidad, una grieta, buscando el vacío en el protocolo y argumentando (muchas veces con estudios y esas cosas que el sistema también valida) alguna práctica que sea un poco contra cultural, como que hay que abrir estos espacios de a poquito, porque si es como al choque probablemente nos cuesta nuestra pega. Creo que este “modus operandi” se pueden encontrar varios aliados, que podrían estar de acuerdo con aspectos o la totalidad de esa intención, buscando la “ética de la colaboración” para ésto.
Saludos!
agosto 31, 2020 a las 23:48 #16386
daniela.oyarzo.tellezParticipanteQuerides:
Leyendo sus comentarios es imposible que no mire mi accionar en el espacio que ocupo laboralmente. Al igual que Javi, trabajo en una institución pública donde parte de la función del equipo que integro es acoger y resolver denuncias respecto a presuntas vulneraciones de bienes juridicos establecidos en la normativa educacional. Quise decirlo así, aún cuando quizás no se entienda mucho, pues es la forma como por “modelamiento institucional” tenemos que explicar a las comunidades educativas nuestro quehacer.
En términos operativos somos la unidad que se vincula con la ciudadanía y las comunidades educativas, por lo que si bien son el foco primordial de nuestro trabajo, de los años que llevo en la institución, nunca he visto que nos refuercen aspectos relacionados a como percibir y reconstruir los relatos de las personas que asisten a nuestras dependencias y/o ingresan denuncias (puertas de entrada de nuestro trabajo) los cuales vienes cargados de significados de injusticia. Como cambio mi perspectiva de mi trabajo cuando a partir de las lecturas de los textos pude darme cuenta que las 900 “denuncias” que ingresan a nivel regional, son en realidad 900 historias o relatos subyugados de 900 familias que han visto como sus voces no han tenido un espacio para ser contadas en los espacios educativos que, conforme a la ley general de educación, eligieron “libremente” para educar a sus hijos…. bueno, la verdad es que profundizar en este tema abre un sin fin de posibilidades, pues si bien el legislador ha establecido leyes, orientadas a mejorar la calidad de la educación en Chile, sabemos que, en lo factico solo ha perpetuado las desigualdades en temas de educación.
Pensaba cuan interesante y desafiante podría resultar que se pueda intencionar que logremos ver nuestro accionar desde los ojos de la narrativa, desde que estoy en el diplomado, mi forma de analizar los expedientes cambiaron cardinalmente. Más allá de revisar si existe pleno ajuste a la norma, intento profundizar en los atisbos que me den luces entre la coherencia que debe existir entre la secuencia de hechos (paisaje de la acción) con la fábula de cada historia (denuncia) donde generalmente se asoman tímidamente el verdadero trasfondo y quizás la verdadera contribución que podemos tener en la vida de las personas.
Recuerdo una historia, quizás una de las primeras que hizo que cuestione mi espacio laboral… Matilde, una niña de 5 años, que vivía en palena con sus dos mamás, por primera vez, desobedeciendo las instrucciones que nos dicen que solo debemos ajustarnos a lo que dice la normativa educacional, me arriesgue y me anime a establecer contacto telefónico con una de sus mamás, pude conocer a una pareja que estaban dispuestas a tocar todas las puertas posibles, con tal de darle a Matilde una vida digna, es por eso que para dignificar su amor y su proyecto de familia, deciden irse de una ciudad del norte y llegan a Palena con la intención de que en este lugar encontrarían lo que anhelaban, así las cosas, deciden ir a una escuela x de ese sector y le dicen a una persona que tenían intenciones de matricular a su hija en esa escuela, pero que era necesaria que la escuela cuente con (entre otras cosas) con un mudador, a partir de aquí se genera un proceso burocrático de casi 6 meses para obtener lo que solicitaban, finalmente y para no alargar más la historia, el mudador fue adquirido, sin embargo al momento de ir a verlo, se encuentran con un espacio abierto sin privacidad y cuyo alto era casi de un metro y medio (una de sus madres media 1,55) entenderán lo dificil que hubiese sido para ella cargar y asistir a su hija si las condiciones estructurales no estaban diseñadas para garantizar algo tan básico. Este hecho fue lo que incentivo a la familia ingresar la denuncia. Si yo hubiera actuado como siempre, ajustada a los modelamientos, les hubiera dicho, después de tener a la vista toda la información que debemos preguntarle al EE, que para las escuelas de esas características en ninguna parte de la normativa se hace exigible contar con un mudador, pero fui más allá, intente aproximarme a las reales motivaciones detrás del ingreso de esa denuncia, comprendí que no solo era reclamar por el mudador, su protesta estaba vinculada con encontrar un lugar donde su hija y su vida en pareja pudieran desarrollarse en dignidad. Finalmente, el lado feo de esta historia es que por más que intente explicar las motivaciones y los relato subyugados de esta familia, en la etapa posterior a la tramitación esta denuncia fue cerrada porque la normativa no exige en ninguna parte que deban haber mudadores, invisibilzando a Matilde.
Meses después, cuando nadie se acordaba de Matilde, salvo yo, ingresa a mi oficina una hermosa niñita caminando con mucha dificultad con su Mamá (la niña tenía control en la teletón), me fueron a saludar para decirme que aun cuando la denuncia ingresada no haya prosperado, como familia sentían la tranquilidad de que al menos una persona se había movilizado y se había dejado tocar por su historia, que eso para ellas era muy importante, pues así renacía la esperanza de que algún día no serían más grupos disidentes, tomé a Matilde de la manito y la lleve a conocer las dependencias de la dirección regional, debo reconocer que sentí un leve dejo de placer al ver la expresión de verguenza de los que meses antes sintieron como una victoria imponer su opinión respecto al cierre de la denuncia por sobre lo que yo estaba defendiendo.
septiembre 2, 2020 a las 22:05 #16415
rodrigovegacuestaParticipanteConcuerdo plenamente con lo que plantean en sus comentarios. Llevo tres años trabajando en Santiago y les puedo contar que llegue a trabajar a un CRS nuevo recién salido del horno. Podríamos pensar que dentro de la institución al ser un espacio nuevo y en construcción podrían gestarse nuevas ideas y ser innovadores respecto a las practicas (me carga decir abordaje, suena como si estuviera en el combate naval de Iquique) posibles de llevar a cabo en salud mental. En un principio abundaron los discursos de la innovación pero poco a poco luego de la marcha blanca y comenzar con el funcionamiento, la innovación y el entusiasmo comenzaron a anquilosarse. Del entusiasmo paso a la queja y de la queja a la inacción y el conformismo. Si bien y como en todos lados nos piden cumplir con la programación y una cantidad muchas veces poco razonable de atenciones semanales me sorprendió lo rápido en que se reprodujo (puedo equivocarme, pero aveces, solo aveces pienso esto) la cultura que habita en los espacios destinados a salud. Si bien la carga de trabajo a veces es grande y desgastante, nadie anda como pepe grillo hablándonos al oído acerca de lo que podemos o no hacer, o acerca de lo que debemos pensar, o como deberíamos mirar la salud mental o nuestra practica. En un momento lo sentí, sentí como un ser abominable que dominaba los hilos del hospital dominando nuestras mentes y escuchando detrás de las paredes todo lo hacíamos o pensábamos hacer. Me encerré en mi box, no hablaba con nadie, desconfié de todos y si hablaba con alguien hablábamos de lo imposible que era hacer algo distinto en una institución como esa, del discurso medico, de que nos pagan solo las prestaciones individuales y no lo comunitario, de que nos faltaba terreno, de que había que obligar a los pacientes a tomar medicamentos, etc. Un día me aburrí (y me pasa seguido cada vez que me encierro nuevamente aterrado del que nos controla, paso por ciclos de anquilosamiento por que el discurso dominante es dominante y la ilusión de control también), e intente ir mas allá de ese ruido de ese rumor de pasillo, de ese control invisible que todo lo controla y les juro por jebus que lo busque, trate de buscar al controlador del hospital, pero no lo encontré y no lo he podido encontrar todavía dentro ni fuera del hospital. Un día pensé que era el director del hospital y me fui a meter a su oficina y no me dijo nada ni me obligo a hacer algo que no quería, fui a preguntarle a mi jefe que tenia que hacer y me dijo bueno tu veras lo que haces solo te pido que no sean muy descabelladas tus ideas. Un día me encontré con Manuel Desviat, mi señora me lo presento cuando me contó que estuvo en la reunión de equipo del hospital donde ella trabaja e hizo una charla, y me contó que había dicho que lo comunitario no era hacer visitas, no era hacer terreno, era un lente con el cual se veía y leía la realidad, que podíamos ser comunitarios dentro de un box, entendiendo que la persona que tenemos en frente es parte de un entramado de vinculación infinita en donde uno es parte de ese entramado por tanto había que superar la dicótomica hospital comunidad, o comunidad persona, etc etc etc. Les puedo decir que claramente eso mismo lo había escuchado antes pero me ayudo a salir del encierro y del anquilosamiento nuevamente, escuchar algo diferente, algo que concuerda contigo y con lo que profundamente crees y que practicas en tu cotidianidad sin darte cuenta quizás, de como se mueve todo a nuestro alrededor. Otras de las cosas que entendí que aparte de este control invisible esta mi control personal, eso que no suelto o no quiero soltar como si de mi dependiera el universo, claramente soy responsable de lo que hago pero que hay cosas que no dependen de mi, pero y entendiéndonos en esta cotidianidad, en este entramado de mutua influencia intento, a no ser que me encierre en mi box anquilosado por el controlador invisible, que mi etica colabore en vez que controle ya sea usuarios del servicio, colegas, funcionarios, choferes, porteros, guardias, auxiliares, incluso mi jefe y el director.
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