FUERA DEL BOX

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    En el presente foro quisiera abordar el impacto que han tenido en mi práctica los documentos terapéuticos. Para poder abordar esto, en primer lugar, quiero hacer alusión a los conocimientos adquiridos en la etapa de pregrado de formación. Si bien estos han sido útiles para mi práctica actual, nunca había tenido acercamiento a prácticas que permitiesen que el terapeuta se involucre, de cierta forma, en su relación con el consultante en un contexto apartado del box y que este involucramiento se de a partir de la propia vivencia de quien consulta. Claramente se me presentaron estrategias que la persona podía aplicar en su contexto cotidiano, fuera de la sesión, como registro diario de ciertos aspectos como síntomas, pensamientos, emociones, etc., tareas terapéuticas que debían ser “prescritas” por el “experto” en temáticas de salud mental y que brindarían mejora. He intentado recordar alguna de estas estrategias que consistan en algo parecido a lo que desde la práctica narrativa se llama como documentos terapéuticos o contradocumentos, sin embargo, no sé si esta ausencia de evidencias se deba a que, quizás, se pudo dar cierta orientación sobre lo que comento pero en ese momento no impactó en mi ética como lo hace ahora, o que simplemente este tipo de conocimientos no es algo que se imparte habitualmente en la academia como las otras estrategias más populares que se utilizan desde la disciplina de la psicología – yo creo que fue más esta segunda-
    En este corto camino de conocer las prácticas narrativas e intentar replicar su ética en mi práctica, una de las cosas que evalúo como positivas e impactantes para el acompañamiento de personas que acuden en situaciones difíciles son estos contradocumentos. Si bien, aún no lo adquiero como algo habitual y cotidiano, las veces en que me he atrevido a realizarlos y entregarlos han tenido muy buena recepción y se han posibilitado diálogos muy interesantes. Lo que más me ha llamado la atención de esta herramienta para utilizar en el acompañamiento con personas es que la experiencia de esta, la identidad preferida, los relatos alternativos al problema se reflejan y se dejan como constancia en algo que puede llevarse y utilizar en espacios que le pertenecen en mayor medida que el espacio del box, que es donde me encuentro con ellas, como también en tiempos que no están destinados y coordinados oficialmente para el proceso, lo que ha producido cierta sorpresa, pero también, afortunadamente, otro tipo de reflexiones y repercusión del proceso como tal en la vida de quien consulta.
    Aún me queda mucho por explorar respecto de esta herramienta, he sido un poco temerosa en aplicar otros formatos de contradocumentos, pero creo que esto se debe a que, al momento, estoy en un espacio seguro para ejercer esta práctica y en la medida que se vayan dando las cosas se dará la oportunidad de crear otro tipo de documentos terapéuticos.

    #18236
    Gastón Caamañogastont2011
    Participante

    Hola Javiera! Me llamó la atención mientras te leía la parte en la que señalas la capacidad de los contra-documentos de ser empleados/transportados a espacios que no están destinados “oficialmente” al proceso de terapia, siento que no había pensado en ellos desde ese punto de vista, y me gusta la idea. Pensaba en la idea de “lugar seguro” y la forma en la cual, el empleo y presencia de los documentos terapéuticos generados durante los encuentros podían favorecer la apropiación de diferentes lugares y perpetuar, de alguna manera, las conversaciones y conclusiones de identidad valoradas por las personas con quienes conversamos, reforzando sus historias preferidas de vida (se me asemejaba al proceso de decora una pieza – o nuestrxs cuerpxs – re/apropiándonos se esos territorios a fin de hacerlos más representativos y fidedignos de nosotrxs mismos, nuestros ideales y creencias).

    Saludos!!!

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