Escribo esto para confesarme respecto a un sentir en la clase donde conversamos respecto a la alta participación en el sufragio por el plebiscito por una nueva constitución y la baja participación electoral por candidatos presidenciales u otros. Por quedarme pensando en aquello no pudo comunicarlo ni ordenarlo, pero más tarde pude escribirlo en mi cuaderno. Escribí sobre lo que sentía respecto al orgullo y amor a la patria, que me parece que no existen mucho en mí más allá de las personas que conozco y los territorios naturales que he recorrido y que me han recorrido. Mi país son mis amigas, como diría el padre misógino de Martín H (película) o mejor dicho, como diría Virginia Stephen “como mujer no tengo país, como mujer mi país es el mundo entero”.
Por otro lado me quedé pensando y aún hoy, sobre la alegría del triunfo de Biden sobre Trump y sobre la felicidad de que una mujer esté en el poder como vicepresidenta, que si bien es un interesante cambio que él haya salido de aquel lugar de poder e influencia, el sistema seguirá siendo el mismo (para qué hablar de las acusaciones que se conocen), y ya llevándolo a las reflexiones acerca de lo comunitario, cuáles sería las diferencias en aquel caso de, al menos como yo lo veo, los cambios de rostro que resultan en trasformaciones mínimas en el sistema. Adrianne Rich refiere que dentro de los significados de poder que existen en el feminismo está este falso poder que algunos hombres ofrecen a las mujeres, no a todas, a las que cumplen con el requisito de mantener el patriarcado y puede crear esta ilusión de que allí están representadas todas con sus necesidades, sus afectos y preocupaciones, pero que en realidad aporta a la percepción de que las mujeres que ahí están merecen el poder, se lo ganaron frente a las demás mujeres que no hicieron lo suficiente.