Luego del largo y duro 2020 la verdad estoy exhausto, con el cerebro hecho un queso, cansado emocionalmente, agotado en todos los aspectos, el COVID, el trabajo, los líos del trabajo, los psiquiatras jajaj, el cáncer de mi vieja, las quimios y las radios, todo eso me dejo en el suelo. Pero ayer, justo después de llegar de la pega me asome por la ventana y había una camioneta de la Fender y un tipo fuera de mi casa, había llegado por fin mi guitarra eléctrica (junte plata durante unos meses y me la gaste nomas), una Jackson Dinky y mi amplificador Fender de 40 wats. Salte en una pata, corría feliz en busca de las llaves, me sentí como cuando mi vieja me regalo mi primera guitarra eléctrica a los 15 años, la Leo me dijo “nunca te había visto tan feliz”, yo saltaba bailaba, en fin me sentía como si volviera a mi lugar de origen, a los solos de MEGADETH que tocábamos con mi gran amigo Ricardo jajajaja. Comencé a tocar cualquier cosa, jugar y mi cerebro como que se reinició, jajaja a pesar del cansancio del día, daba lo mismo, Holy Wars corría por mis venas derritiendo el cerebro de mis vecinos.
Luego de este año en el Diplo, creo que se fue instalando de a poco la idea de mi historia preferida, todo eso que soy fuera de este anquilosamiento neoliberal, ha ido abriéndose paso por la bruma y el sin sentido. Hay cosas que todavía no entiendo mucho, otras que no me atrevo hacer todavía pero en lo que no cabe duda es el placer que siento al tocar una guitarra eléctrica, jugar un partido de ajedrez, escribir un poema, un cuento, caminar, escuchar Megadeth y Beethoven, volver a escribir y recordar las historias del pasado, las aventuras, los sueños, mis amigos, los vivos y los muertos.
Gracias a todos