Recuerdos de infancia
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franciscaparraalvarado.
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enero 23, 2021 a las 21:35 #18152
rodrigovegacuestaParticipanteEscuchando acerca los ritos de pasaje, recuerdo mis propios ritos cuando deje de ser un niño y comencé a ser un niño mas grande.
Recuerdo ahora cuando tenia entre 5 y 7 años, mi abuela materna vivía en Melipilla en una casa vieja de adobe, tendría mas de cien años la casa, recuerdo que era enorme, con mis primos jugábamos por todos sus rincones, pasadizos, escondites. Pero, solo había un lugar que estaba privado para mí, “la vieja cava de vinos de mi abuelo”, solo bajaban mis primos mayores en ese entonces de 9 o 10 años. Mi abuela antes del almuerzo mandaba al maxi o al lauri a buscar las botellas para el almuerzo, yo ayudaba a a correr la mesa del comedor, enrollar la alfombra y abrir la tapa de madera que daba al subterráneo y la cava, además podías caminar por debajo de la casa, eso era lo que contaban mis primos, yo siempre quería bajar, pero mi abuela no me dejaba, todavía era muy chico. Me acuerdo que esperaba a mis primos en el borde de la oscuridad del subterráneo, hasta que aparecían y me pasaban las botellas. Después de cerrar la tapa, colocar la alfombra en su lugar y volver a poner la mesa, saltábamos por una ventana a un mesón de la cocina, nos pasábamos las botellas. Mi abuela siempre nos esperaba en la cocina, nunca nos retó por saltar por la ventana al mesón, mejor dicho nunca nos retó, su casa era nuestra casa, nuestro refugio, nuestro lugar misterioso.
Un día y como todos los sábados, no estaban ni el maxi ni el lauri, ninguno de mis tíos, recuerdo que mi abuela estaba en la cocina, de pie en el mesón pelando y picando papas para las tortillas Españolas, y me llama, ¡Rodrigo!, recuerdo que estaba de espaldas a mi picando las papas, y me dice: anda a buscar el vino para el almuerzo, una de Pinot y una de Cabernet (ya sabia leer) lleva linterna. Quede paralizado, ya no era chico, ya no era un niño chico, era grande para poder ir solo al subterráneo, subí el mesón salte por la ventana al comedor, tuve algunos problemas para correr la mesa, enrolle la alfombra abrí la tapa del subterráneo, y baje por la escalera vertical. Estaba oscuro, camine unos pasos, me encontré con una ampolleta que prendí en un interruptor, estaba lleno de botellas, busque las que me había dicho mi abuela, las deje en el piso. Mas allá de la cava, estaba oscuro dude un momento pero me atreví a ir mas allá con mi linterna, avance lentamente, sentía las conversaciones sobre mi, la voz de mi mama, de mis, tías mi hermana, sobre mi el piso de madera dejaba entrever la luz, la caza estaba cimentada en unos pilares de piedra, estuve unos minutos después me dio miedo la oscuridad y me devolví a la abertura, subí una a una las botellas, no me podía las dos. En los fines de semana siguientes continúe siendo grande y empecé a jugar con mis primos en el subterráneo, era como estar en una película de terror o de aventuras, explore lo desconocido hasta marzo de 1985(terremoto, la casa se trizo, no pudieron repararla).
Como todo niño siempre tuve impulsos a hacer cosas de grandes, solo quería subir cerros como mi papa. Todas las semanas santas se iba a la cordillera con su grupo de alpinismo, yo siempre le pedía que me llevara y siempre tenia la misma respuesta “eres muy chico”. Era el año 1986, se acercaba la fecha de semana santa, recuerdo que entre a la habitación de mis padres y como todos los años, hacia 3 años, le volví a preguntar a mi papa: ¿puedo ir contigo a subir el Horcón? (Horcón de Piedra cerro de 3250 metros, lo subían como entrenamiento), para mi sorpresa mi papa me dijo: “ya tienes 7 años ya estas grande, te voy a llevar pero con una condición, tu llevas tu mochila, tu saco y ropa, yo no te la puedo llevar” (habíamos tenido un accidente en auto, mi papa quedo con una lesión en la rodilla, ese fue la ultima vez que subió un cerro, yo creo que me llevo para que superara el trauma del accidente). Le asegure que no seria una carga. Recuerdo haber estado muy emocionado, arme mi mochila, fuimos a comprar comida para el campamento, linterna, mis pastillas para la alergia jajaj todo lo que necesitábamos. La noche siguiente casi no dormí, a las 4 de la mañana estábamos despiertos a las 4:30 paso la micro que arrendaban a buscarnos, conocí como veinte personas que nunca había visto, todos escaladores montañistas, amateur claro, al parecer yo era el mas chico que había ido en el grupo en la historia de sus viajes Iba otra niña hija del tío Luis, la Ena que tenia dos años mayor que yo, había ido el año pasado. El tío Luis o Lucho era seco, había subido el Aconcagua solo, el Plomo también y otros cerros y volcanes, era el único que se dedicaba mas menos de forma profesional al tema. Hicimos cumbre el sábado a medio día, yo estaba feliz, saltaba por todo el lugar, me sentí que ya no era un niño que era grande, había sobrevivido a esa aventura solo, sin la ayuda de mi papa, me caí varias veces pero no importaba ni dolía, a la Ena no le dolía ni lloraba, entonces yo tampoco jajaja. Nos hicimos super amigos, andábamos juntos para todos lados, jugábamos con los renacuajos, lagartijas, arañas pollito, subíamos arboles, rocas, buscábamos huellas de pumas. Volví a mi casa distinto, sin temor, sin tristeza, alejando las huellas del trauma del accidente.
enero 27, 2021 a las 22:49 #18218
franciscaparraalvaradoParticipanteQué buenas historias. Me llevaron a recordar mis historias de cerro y alpinismo con mi familia. Recuerdo que como a los 8 años fuimos a recorrer San Fabián de Alico acá en Ñuble. Estaba mi mamá, mi papá, tíos, tías y primos. Mi familia es un poco desafiante para sus cosas, por ponerle un nombre, así que decidieron hacer un sendero trotando. En un momento me quedé sola, ya no podía trotar más porque estaba muy cansada y me dio pena. No sabía en qué tramo estaba mi mamá ni mi papá, pero luego sentí que de cierta manera confiaban en mí, en que yo estaba segura en aquel lugar y nada malo me pasaría. También me sentí diferente y más grande al llegar al destino. De aquel paseo que tengo la necesidad de subir cerros y volver a reencontrarme con esas sensaciones, conectar con el cuerpo y con la naturaleza.
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