<p class=”MsoNormal”>Reflexionando sobre el poner en prácticas las ceremonias de definición en mi trabajo me he cuestionado respecto a la importancia de evitar aplaudir o felicitar a la persona por ciertos logros o visiones que para las testigas puedan ser admirables. Pensaba sobre la dificultad que puede existir de que las personas realicen estas acciones a pesar de las consigas y cómo lo haría en el caso de estar guiando un proceso como este, creo que al inicio podría ser una dificultad en mi práctica sobre todo si la gente está demostrando emociones importantes al momento de comunicarse.
<span style=”mso-spacerun: yes;”> </span>También pensaba sobre cuáles podrían ser los efectos en las personas con las que converso diariamente ser felicitadas y creo que el aplaudir o felicitar se aleja o se queda corto realmente respecto de una escucha dispuesta a cureosear, dispuesta a hacer preguntas, dispuesta a resonar. También me pregunto por qué fácilmente, según mi experiencia, las personas tendemos a querer aplaudir desde lo que nos parece correcto, admirable, sensato y sano y qué estamos no diciendo cuando felicitamos o sentimos orgullo frente a una acción, quedando no dicho tal vez su rechazo por lo contrapuesto, lo cual no quiere decir que en nuestra vida cotidiana felicitar a quienes queremos sea negativo, pero que muchas veces no da pie para el diálogo ni para abrir la puerta hacia otros lugares donde esa acción pueda haber tomado forma. Por último, quería mencionar la distinción entre el aplaudir y el celebrar, esto último como un todo y no como una acción única. Celebrar el encuentro y contribución en la construcción de significado y subjetividad creo que es algo que se da más en el ambiente, en las sensaciones, en gestos y en la corporalidad, en el estar ahí para unx otrx, en darse el tiempo de pensarse a través de unx otrx y permitirse compartir abiertamente los efectos que el encuentro está produciendo y generando con cada palabra.</p>